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jueves, 11 de abril de 2013

El día que el Maccabi venció a cuatro equipos NBA

 El 'NBA Europe Live Tour' es un evento que, desde 2006, nos acerca todos los veranos a Europa a equipos de la máxima competición norteamericana, para jugar partidos entre ellos o contra equipos europeos, principalmente de la Euroliga, aunque siempre bajo normas NBA.

 Si bien los equipos 'yankis', como es de esperar, siguen ganando la mayoría de estos partidos, no es menos cierto que las diferencias entre los equipos de ambos lados del charco se han estrechado significativamente.
 Desde que en su primera edición, el FC Barcelona venciese a los Philadelphia 76ers de Iverson y Webber, todos los años los equipos europeos nos proporcionan alguna que otra 'sorpresa'.
 Las victorias de CSKA a los Clippers ese mismo año, el Unicaja y el Real Madrid a Grizzlies y Raptors al año siguiente o del Barça ante los Dallas Mavericks este último verano son sólo algunas muestras de esto.

 Sin embargo, como bien sabemos, esto no siempre fue así. Durante casi 20 años de enfrentamientos NBA-FIBA, desde la creación del 'Open McDonald's' en 1987, a lo más que pudimos aspirar los europeos fue a poner a los americanos en apuros en unos pocos encuentros (quien no se acuerda del partido de la Jugoplastika contra los Nuggets, la prorroga de la Scavolini ante los Knicks o del arbitraje del final del partido entre el Juventut y los Lakers).

 Para los analistas estadounidenses, la historia de los enfrentamientos USA-Europa, y como único antecedente al desaparecido 'Open McDonald's', comienza en 1979, con un viaje que los Washington Bullets realizaron a China para jugar dos encuentros ante la selección nacional y un equipo de la liga local. De este modo, estos analistas procuran obviar cuidadosamente los hechos ocurridos anteriormente a aquella fecha.



 En realidad, el primer enfrentamiento entre equipos NBA y FIBA tuvo lugar el 8 de Septiembre de 1978 en el pabellón Yad Eliyahu (La mano de Elías) entre el Maccabi de Tel Aviv y, precisamente, los Washington Bullets, vigentes ganadores del anillo, que llegaban con sólo nueve jugadores pero con sus estrellas Wes Unseld, Elvin Hayes y Bob Dandridge.

 El Maccabi, que se había quedado ese año fuera de la final de la Copa de Europa, contaba con jugadores como Aulcie Perry, Jim Boatright o Motti Aroesti. Pero la gran estrella era el llamado 'rey de Israel', Miki Berkowitz.

 El pabellón registraba un lleno total para ver por primera vez a las estrellas americanas en el continente. 
 Los Bullets abrieron el partido con un parcial de 2-8 y dominaron el encuentro hasta mediada la primera mitad, cuando el equipo local reaccionó apoyado por un público volcado y consiguió ponerse por delante 24-22. Gracias al acierto de Berkowitz y Perry, los locales continuaron aumentando su ventaja hasta llegar al descanso con 9 puntos de ventaja (54-45).

 Tras el descanso, el juego al contragolpe del Maccabi siguió aumentando la ventaja y en el minuto 29 el marcador señalaba un 74-61. Pero los americanos, heridos en su orgullo, gracias a los puntos de Grevey, que acabó con 35, y los rebotes de Hayes, fueron recortando la diferencia hasta conseguir ponerse de nuevo por delante a falta de 5 minutos (84-85).

 En ese complicado momento para los locales, surgió la figura de su gran estrella Berkowitz para echarse el equipo a la espalda y poner a su equipo cinco puntos arriba (96-91) a falta de menos de un minuto.
 Los Bullets consiguieron maquillar el marcador hasta el 98-97 final, pero no pudieron evitar la primera derrota de un equipo NBA ante uno FIBA.

 El entrenador visitante, el legendario Dick Motta dijo tras el partido: "el Maccabi mereció ganar porque jugaron mejor que nosotros. No jugamos contra amateurs, sino contra profesionales como nosotros".

 Dos años más tarde, en Septiembre de 1980, la NBA decidió volver a enviar un equipo a Europa, esta vez una selección con algunos de los mejores jugadores de la liga, entre los que destacaban Julius 'Dr. J' Erving, Moses Malone, MVP de la liga ese año o Michael Ray Richardson. Y de nuevo eligieron la ciudad de Tel Aviv como destino.

 Pero esta vez el panorama pintaba peor para los macabeos, puesto que no contaban ni con Perry ni con Earl Williams, y Berkowitz estaba tocado físicamente y no podía jugar todo el partido. Ante estas condiciones y previendo la masacre, se decidió que en la primera parte, el Dr. J jugase con la camiseta del Maccabi en la primera mitad para igualar fuerzas y volviese al combinado NBA en la segunda.

 El partido fue un espectáculo y, gracias a la ayuda de Erving, quien anotó 20 puntos en la primera mitad para el Maccabi, y de su pivot Lassof, los israelitas llegaron a tener hasta 8 puntos de ventaja.
 En la segunda parte Erving volvió al combinado NBA, pero Berkowitz ya podía jugar para su equipo.

 El partido estuvo sumamente igualado en esa segunda mitad con continuos empates (60-60, 86-86, 104-104), hasta que la estrella israelí encadenó seis puntos seguidos para poner el 112-106 y aguantar el partido hasta el 114-112 final. El Maccabi liderado por Zimmerman con 26 puntos y, sobretodo, por Berkowitz con 20, jugando únicamente medio partido, habían vuelto a vencer a un equipo NBA.


 En Agosto de 1984, se planteó de nuevo un desafío, y de nuevo con la ciudad de Tel Aviv como sede, pero esta vez la NBA, herida en su orgullo, iba a preparar las cosas para que eso no volviese a pasar. Esta vez, en lugar de jugarse un solo partido, se preparó un torneo cuadrangular, con dos equipos de la ciudad local, el Maccabi y el Hapoel, los New Jersey Nets, que esa temporada habían dado la sorpresa en los playoffs al eliminar a los vigentes campeones, los 76ers, y finalmente los Phoenix Suns, que habían jugado las finales de conferencia ante Los Angeles Lakers.
 Así la competición americana se cubría las espaldas. Si un equipo tenía un mal día, el otro se encargaría de arreglarlo.

 El primer partido del torneo siguió el guión correcto y los Phoenix Suns se deshicieron sin problemas del Hapoel por 111-91, con siete jugadores de los Suns en dobles figuras.

 El segundo encuentro de la noche era el plato fuerte, el Maccabi se enfrentaba a los Nets en un ambiente ensordecedor. Y el encuentro comenzó bien para los israelitas, donde el pivot Kevin Magee, ante la ausencia de Dawkins y Buck Williams y, por supuesto, Berkowitz, conseguían poner 11 puntos arriba a su equipo (37-26). Pero la tercera falta de Magee cambió las cosas y los Nets remontaron hasta ponerse 4 arriba al descanso (51-55).

 Tras el descanso, Lee Johnson, americano del Maccabi, que en la primera parte no había estado acertado, lideró a su equipo en la segunda con 23 puntos en el segundo tiempo y 37 en total. En el minuto 30, el Maccabi se ponía por delante  77-75 y ya no cedería la ventaja hasta el final.



 Tras un descafeinado partido por el tercer puesto en el que los Nets se impusieron al Hapoel por 101-82 se disputaría la final entre el Maccabi de Tel Aviv y los Phoenix Suns de Larry Nance.

 Comenzó el partido y, tras una ventaja inicial de 13-19 para los Suns, los locales se hicieron totalmente con el control del partido. Un parcial de 11-0 ponía a los locales por delante. Y aunque los Suns consiguieron volver a ponerse por delante 38-39, el contraataque del Maccabi fue demasiado para los americanos y la ventaja de los locales se fue disparando hasta un 101-75 a seis minutos para el final.

 Los de Phoenix en ningun momento pudieron parar a Magee que terminó con 36 puntos, Johnson con 28 y Berkowitz con 20.

 El Maccabi de Tel Aviv vencía por cuarta vez a un equipo NBA en lo que ya no podía considerarse como una sorpresa.

 La fiesta incluyó un concurso de mates que ganó Larry Nance, vigente campeón de la NBA.

 Tras estos acontecimientos, la NBA decidió continuar estos enfrentamientos intercontinentales, pero si bien hasta ese momento se había jugado siempre con normas y arbitraje FIBA, a partir de entonces los enfrentamientos han tenido siempre normas y arbitraje NBA (con un árbitro europeo en el caso del NBA Europe Live Tour) tanto si se juega en Norteamérica como en Europa.

 Desde aquella fecha los equipos NBA tan solo sufrieron una derrota más (de la URSS a los Hawks) en los siguientes 21 años, cuando, precisamente el Maccabi de Tel Aviv se convirtió en el primer equipo europeo en ganar en suelo americano frente a los Raptors en Octubre de 2005.

 Berkowitz llegó a ser el segundo máximo anotador de la historia de la liga israelí con 8.465 puntos por detras de Dorom Jamchy, ademas de tener la mayor anotación en un partido de la liga con 42 puntos y la mayor anotación en un partido de su selección con 44.

martes, 18 de diciembre de 2012

Los días de los duelos de Iverson en el playoff 2001 (I)

 Si te preguntamos cual es el mejor equipo que han tenido los Philadelphia 76ers en su historia, muy probablemente te vendrá a la cabeza el de principios de los 80, con el Dr. J y el gran Moses Malone, o incluso te remontarás más aun, hasta los tiempos de Wilt Chamberlain.

 Sin embargo, no muchos pondrían en los primeros lugares al equipo que, posiblemente, realizó la mejor temporada de la historia de la franquicia que no acabase con el anillo de campeón. La de 2001.

 La aplastante superioridad de los Lakers de Phil Jackson y Saquille O'neal en los playoff de aquel año, perdiendo tan solo un partido (precisamente ante los Sixers) en toda la post-temporada, ha eclipsado cualquier hecho relevante sucedido aquel año, entre ellos la espectacular temporada de los de Philadelphia.

 Aquel equipo terminó la temporada regular con el mejor record de la Conferencia Este por primera vez desde 1984 con 56 victorias, superados únicamente por los San Antonio Spurs de Duncan con 58.
 Acaparó además la practica totalidad de las distinciones individuales, con Larry Brown ganando el premio al entrenador del año, Aaron McKie el de mejor sexto hombre, Theo Ratliff liderando la liga en tapones por partido y Dikembe Mutombo en rebotes, además de ser incluido en el segundo mejor quinteto de la temporada y el mejor quinteto defensivo y ganar el premio al jugador defensivo del año. Y la gran estrella, Allen Iverson, liderando la liga en anotación con más de 31 puntos por noche, y en robos, siendo incluido en el mejor quinteto, ganando el MVP del All Star Game de Washington y, como colofón final, el MVP de la temporada regular.

 La temporada de Iverson fue sencillamente espectacular. Superó los 40 puntos en 17 partidos, llegando a los 54 contra los Cavaliers. En 65 de los 77 partidos que jugó fue el máximo anotador de su equipo y fue el primer jugador en promediar más de 30 puntos por partidos desde que lo hiciera Michael Jordan en 1996.

 Pero llegaban los playoffs y había que confirmar la gran temporada regular. Y no podían tener peor rival para empezar. El equipo que les había mandado para casa las dos últimas temporadas. Los Indiana Pacers de Reggie Miller.

 Y el comienzo del equipo en los playoffs no hizo sino confirmar el gran momento. Al descanso del primer partido contra los Pacers, ganaban 52-36, con unos porcentajes por parte de los Pacers inferiores al 30% (15 de 51). Al comenzar el tercer cuarto, los Sixers conseguían su máxima ventaja (+18), a pesar de tener a Iverson jugando con cuatro faltas.
 Sin embargo, una gran defensa de los Pacers, dejaba a los Sixers en 13 puntos en el tercer cuarto y continuaba en el último cuarto hasta que una canasta de Best a falta de 5:25 ponía a los visitantes por delante por primera vez en el partido (72-73).

 Una bandeja de Eric Snow a falta de 1:30 ponía el 78-76 en el marcador. Nadie conseguiría volver a anotar (con Indiana fallando hasta cuatro tiros en un solo ataque), hasta que, a falta de 3 segundos, Reggie Miller nos brindaba uno de esos momentos clásicos a los que nos tenía acostumbrados, anotando un gran triple que daba la victoria a su equipo y le ponía 0-1 en la eliminatoria.

 Allen Iverson terminaba el partido con un visible enfado tras no poder siquiera tirar en los pocos segundos que quedaban tras una buena defensa del propio Miller.

 A partir de aquí, la serie entró en un espectacular duelo anotador entre las estrellas de los dos equipos.

En el segundo partido, Reggie Miller salió en plan arrollador a la pista, anotando 16 puntos en el primer cuarto y 33 al descanso. Sin embargo, el partido era favorable para los Sixers, que ganaban 61-59 en este punto. En el tercer cuarto Miller tan solo consiguió anotar dos tiros libres, mientras que Iverson anotaba 14 de los últimos 17 puntos de su equipo con la grada cantando "MVP,MVP".
 Philadelphia acababa ganando facil por 116-98. Miller acabó con 41 puntos y Iverson con 45 y 9 asistencias.

 El tercer partido, ya en Indiana, fue empatado hasta mediado el tercer cuarto (49-49) cuando los Sixers endosaron un parcial de 17-4, llegándose a poner con una diferencia máxima en el 70-55. Los Pacers conseguían reducir la diferencia hasta llegar a empatar 82-82 con un triple de Miller a falta de menos de tres minutos, pero la seguridad desde la linea de tiros libres (anotaban sus 10 últimos puntos desde la linea) daba la victoria a Philadelphia 87-92.
 Iverson terminaba con 32 puntos, 7 rebotes y 6 asistencias, mientras que Miller se iba a los 35 puntos, pero con 5 de 14 en triples.

 Los Sixers acabarían ganando tambien el último partido de la serie, en un final apretado en el que un tapón y un gancho de Mutombo y dos tiros libres de McKie tras un triple fallado por Miller, les daba la definitiva ventaja de 85-88. La buena defensa sobre Miller en los segundos finales hizo que fuese Jalen Rose quien se jugase y fallase el triple de la victoria.
 Allen Iverson acababa con 33 puntos y Reggie Miller con 32.

 Los Philadelphia vencían 3-1 y se clasificaban para semifinales de conferencia en una serie en la que Iverson había promediado 31'5 puntos y 6'5 asistencias, por 31'2 puntos y 5 rebotes de Miller. Un increíble duelo anotador.

 Sin embargo, en la siguiente ronda les esperaban los Toronto Raptors, clasificados para semifinales de conferencia por primera vez en su historia tras deshacerse de los Knicks, con su estrella Vince Carter, con quien Allen Iverson iba a vivir el que posiblemente sea el mayor duelo anotador en una serie de playoff de los últimos 15 años.


 Y buena prueba de ello iba a ser el primer partido de la serie, en el que Iverson comenzaba anotando los ocho primeros puntos de su equipo, pero fallando 11 de sus siguientes 13 tiros. Con esto, Toronto conseguía una ventaja en torno a los 15 puntos que duraría los tres primeros cuartos.
 En el cuarto cuarto, muy poco a poco, Philadelphia iba disminuyendo la diferencia hasta que un gran triple del propio Iverson a falta de 5 segundos ponía a su equipo a un solo punto por primera vez desde el primer cuarto. Pero dos tiros libres de Carter y un fallo final de McKie ponían el 93-96 final y daban el primer punto de la eliminatoria y el factor cancha a los Raptors.

 Iverson acababa con 36 puntos, 8 rebotes y 7 robos. Carter con 35 puntos, 7 asistencias y un palmeo y dos tiros libres claves en los últimos segundos.

 Pero Iverson iba a recuperar el factor cancha en una autentica exhibición. Anotando 20 de los 28 puntos de su equipo en el segundo cuarto para recuperar una diferencia de 14 puntos abajo.
 En el tercer cuarto anotaba únicamente uno de sus ocho primeros tiros, pero anotaba 19 de los últimos 20 puntos de los 76ers en el partido, incluido un 2+1 a falta de poco más de un minuto que sentenciaba el partido.
 Philadelphia ganaba 97-92 y empataba la eliminatoria. Iverson se iba hasta unos increíbles 54 puntos, record de la franquicia en playoff, superando los 50 de Billy Cunningham en 1970. Vince Carter se quedaba en 'solo' 28 puntos y 7 rebotes.

 Ya ante su publico, Carter le devolvió la jugada a Iverson en el tercer partido, con otra actuación de leyenda que además incluyó su nombre varias veces en el libro de los records de la NBA.
 El jugador de los Raptors terminaba con 50 puntos, 34 de ellos al descanso. Además, los nueve triples que anotó empataban el record de Rex Chapman de 1997, y los ocho que llevaba al descanso (todos ellos sin fallo) rompía el record que tenían varios jugadores.

 El partido por supuesto no tuvo color y, a falta de tres minutos para el final, Carter anotaba un mate para meter su punto número 50 y poner 22 puntos de diferencia en el marcador. 'Vinsanity' se iba al banquillo y recibía una estruendosa ovación. Los Raptors ganaron 102-78 con 23 puntos y 8 asistencias de Iverson.

 Philadelphia ganaba el cuarto partido 79-84, y en el quinto, la imagen de David Stern entregando el trofeo de MVP de la temporada regular a Allen Iverson parece que dio alas al equipo, que empezaba el partido con un 11-0 y acababa el primer cuarto 33-12.
 Toronto nunca estuvo por debajo de los 17 puntos de diferencia en los tres últimos cuartos, perdiendo finalmente 121-88, con una nueva noche de leyenda de Iverson, que terminaba con 52 puntos, 29 de ellos al descanso, con ocho triples y 7 asistencias.

 39 puntos de Carter en el sexto partido dieron una cómoda victoria a los Raptors por 101-89, empatando la serie y llevándola al séptimo y definitivo encuentro en Philadelphia.

 Sin embargo, el hecho más recordado de esta serie sucedió fuera de las canchas, cuando Vince Carter, el mismo día que se jugaba el definitivo séptimo partido, decidió viajar por la mañana a Carolina del Norte para su graduación ante la sorpresa de todos, teniendo que volver a volar hasta Philadelphia por la tarde, poco antes del comienzo del partido.

 Todo el mundo era consciente de la importancia del partido (a excepción de Carter, por lo visto esa misma mañana), lo quedó reflejado en el partido más empatado de la serie y en el juego de un Allen Iverson que por una vez se olvidó de su duelo anotador y decidió hacer jugar a su equipo, terminando con 21 puntos por 22 de McKie y con 16 asistencias, record personal en playoff. De hecho, 'the answer' no anotó en los últimos seis minutos de partido, pero dio las asistencias de las tres últimas canastas de su equipo.
 Carter por su parte, anotó 20 puntos, pero tan solo cuatro en el último cuarto.

 Y se llegó a los últimos segundos del último partido, y Philadelphia gana por un solo punto, 88-87. Toronto tiene la posesión y Carter la responsabilidad. Vince recibió el balón, hizo volar a su defensor, lanzó, y el balón golpeó en el aro al tiempo que sonaba la bocina final.

 Philadelphia conseguía imponerse en una de las mejores eliminatorias de los últimos años, con un Allen Iverson promediando 33'7 puntos, 6'8 asistencias y 3'1 robos y con un Vince Carter en 30'4 puntos, 6 rebotes y 5'5 asistencias.

 Como escribían entonces en NBA.com, "'The Answer' pasó su gran test. El graduado falló el tiro final y tuvo que conformarse con un diploma".


viernes, 28 de septiembre de 2012

El día que la NBA visitó España

 A mediados de los años 50 el baloncesto español había evolucionado desde que el padre Eusebio Millán lo introdujo en España más de 30 años atrás.

 En 1955, en los II Juegos Mediterráneos disputados en Barcelona, la selección española lograba alzarse con el oro por primera vez al vencer a Egipto en la final por 61-55.
 El baloncesto español comenzaba a despegar y nombres como los de Eduardo Kucharski, Joaquin Hernandez o Jordi Bonareu comenzaban a recibir el calificativo de grandes estrellas de nuestro baloncesto.

 Mientras, al otro lado del charco, la liga profesional americana llevaba casi diez años en marcha y los Syracuse Nationals vencían a los Fort Wayne Pistons por 4-3.

 Ese mismo verano, el Departamento de Estado de los Estados Unidos realizó una gira por Europa y norte de África, entre cuyos actos estaba la promoción de su baloncesto profesional. Dicha gira transcurriría por países como Islandia, Austria, Irán, Egipto o Italia y, gracias a los movimientos realizados por el gran Raimundo Saporta, los Nationals (actuales Philadelphia 76ers) jugarían dos partidos en Barcelona y otros dos en Madrid (ciudades que concentraban la práctica totalidad del baloncesto en nuestro país).

 En Mayo de 1956, el equipo de Syracusa, con su estrella Dolph Schayes a la cabeza, aterrizaba en Barcelona tras los encuentros disputados ante la República Checa en Praga y selecciones de las ciudades de Viena, Beirut, Roma, Milán o Stuttgart.

 En España poco se sabía del lejano baloncesto norteamericano, aparte de vagas referencias o de las visitas de los Globetrotters o la participación de un combinado americano compuesto por soldados destinados en la base inglesa de Lakenheath en el primer torneo de navidad del Real Madrid organizado por el propio Saporta.



 Los días previos a los partidos, la delegación americana no dejó de promocionarse con pequeños campus de actividades o con ruedas de prensa para explicar en detalle el sistema de baloncesto americano (las reglas distintas, el drafteo de jugadores universitarios, etc.).
 Incluso se proyectaron unos vídeos del juego de los Nationals para jugadores, equipo técnico y periodistas.

 Un periodista del 'El Mundo Deportivo' escribía: "La película, inútil decirlo, nos supo a poco. En parte, por la brevedad del documental. Y en parte, también, por la misma excelsa calidad de lo que sobre la pantalla se habla proyectado. Admirando a estos fabulosos gigantes nos fué posible comprobar que todo lo mucho y bueno que del «Nats» se nos ha referido queda necesariamente pálido ante la realidad. Es, sin duda, algo para verlo más que para contarlo". Y seguía: "Tras la proyección (bisada
repetidas veces, como si se nos hubiera querido convencer de que todo «aquello» era real) el convencimiento de que el «Syracuse» ha alcanzado, en baloncesto, las inasequibles cotas de la perfección, privaba, con absoluta unanimidad, entre los afortunados asistentes a este avance de la actuación de los sensacionales campeones del mundo".

 Lo que más sorprendía a los españoles era el tremendo ritmo al que se jugaba, la facilidad de anotación y el gran movimiento del banquillo.

 Con todo esto y ante la reciente victoria de los americanos sobre la selección checoslovaca, subcampeona de Europa y gran potencia junto a Rusia y Hungría, por 96-53, todo el mundo se daba por satisfecho si los españoles se entregaban al máximo, el resultado no era mucho más abrumador que el de los checos y podíamos disfrutar al máximo con los 'Nats'.

 Durante toda la gira, los partidos se disputarían con una mezcla de los dos tipos de reglas, esto es: la primera parte constaría de dos cuartos de 12 minutos jugados con balón de plástico; la segunda serían 20 minutos seguidos jugados con balón de cuero.

 Llegó el lunes 14 y los Syracuse Nationals se enfrentaban en el Palacio Municipal de Deportes de Barcelona a una selección catalana liderada por Kucharski y Bonareu.


 Al comienzo del partido, los españoles se permitieron el 'lujo' de dominar a los 'Nats' por 14-12 e incluso llegar al final del primer cuarto empatados a 25. Pero rápidamente los jugadores españoles se dieron cuenta que los americanos no habían estado jugando a su mejor nivel precisamente.

 En el segundo cuarto, los de Syracusa apretaron tanto en defensa como en ataque y al descanso ya vencían por 64-27.

 La gente en la grada enloquecía con el espectáculo de los americanos que acabarían venciendo por 105-65.

 Hay que decir que los jugadores de los Nationals llegaron a la gira con la clara intención de dar espectáculo y mostrar un baloncesto diferente al que aquí se conocía, y nunca de humillar a sus rivales, ganando todos los partidos con marcadores cercanos a los 100 puntos cuando, de haber querido, podían haberse disparado.

 Los elogios en los periódicos no se hicieron esperar: "La actuación del «Syracuse» constituyó algo sencillamente maravilloso. Vimos un equipo sensacional, de increíble capacidad. Unos jugadores que, para definirlos, habría de inventar nuevos adjetivos de encomio. Vimos, en fin, el mejor baloncesto del mundo. Ese baloncesto que solo puede producir Norteamérica".

 José Luis Martinez, integrante de la selección catalana, recordaba: "Con ellos jugaba unpelirrojo, Kerr, que medía 2.15, que dominó como quiso los rebotes. Tenían también un base, King, éste de baja estatura, pero de una técnica individual sensacional. Todos, en fin, blancos en su mayoría, eran jugadores de fantástica calidad. El entrenador americano fue haciendo relevos en todo el encuentro, lo que para nosotros, que, con un cinco fijo, no se hacían cambios más que en casos de extremada necesidad,fue todo un descubrimiento".

 Por parte española, destacó la dirección de Kucharski y la anotación de Alfonso Martinez con 17 puntos. Sin embargo, la estrella del equipo, Bonareu, apenas pudo brillar por la falta de entreno debido a que estaba cumpliendo el sevicio militar.

 Bonareu es uno de los mejores tiradores de toda la historia del baloncesto español, con un porcentaje de acierto del 90% en las competiciones nacionales y un anotador compulsivo. Ante su mala actuación, apostó que en el próximo partido anotaría al menos 25 puntos al equipo americano.

 Al día siguiente, los 'Nats' volvían a jugar, esta vez ante un combinado nacional, compuesto por los mismos jugadores que el combinado catalán, con las incorporaciones de Díaz Miguel y Joaquin Hernández.

  Los jugadores de Syracusa volvieron a desplegar su espectacular juego y su facilidad anotadora (según las crónicas, Kerr anotó dos ganchos 'de auténtica antología'). Al descanso vencían 28-51.

 Sin embargo, una gran segunda parte de los españoles, liderados por Bonareu, que ganaría la apuesta al anotar 28 puntos, dejaba el marcador final en 95-65, lo que quería decir que el parcial de la segunda parte era de 37-44. Sólo siete puntos abajo, lo que se tomo por una gran victoria en el bando español.

 Al finalizar el partido, ante el gran éxito y con el pabellón a reventar, por megafonía se anunciaba un nuevo encuentro en Barcelona, que en principio no estaba previsto, tras la gira por Madrid, lo que causó un tremendo júbilo entre la afición.

 Los Syracuse Nationals se desplazaron hasta la capital, donde el jueves jugaban contra una selección de Castilla.

 Antes del partido los espectadores del Frontón Fiesta Alegre (no confundor con Vistalegre) pudieron disfrutar de una victoria por 121-28 de los juveniles del Real Madrid entrenados por Pedro Ferrandiz.

 Una buena actuación de Schayes y King lideró la victoria visitante por 61-86. Esta vez los americanos no se emplearon muy a fondo y en la segunda parte de nuevo, y debido también al cambio al balón europeo, el partido estuvo relativamente igualado, ya que al descanso el resultado era de 29-48.
 Entre los castellanos destacó su mejor jugador, Joaquin Hernández, quien todo el mundo coincidía en que este partido le iba a venir muy bien ya que era como una esponja para el baloncesto, 'capaz de asimilar todo lo bueno que ve'.

 Esa misma noche, y siguiendo con los actos de la gira, los jugadores americanos dieron unas clases prácticas a chavales en el Colegio Ateneo y los embajadores americanos en España (Mr. Lodge y señora) ofrecieron una recepción para jugadores y técnicos americanos y españoles.

 Al día siguiente un nuevo enfrentamiento, esta vez ante un combinado español. Pero esta vez decidieron introducir variantes para mejorar el espectaculo. Con el fin de que lo jugadores americanos pudiesen esforzarse a tope y así mejorar el espectáculo, decidieron jugar con un handicap de 40 puntos, sumando 20 puntos al marcador español al comienzo de cada periodo.

 Esta vez, los americanos no tenían porqué contenerse, y se emplearon a fondo desde el principio, tanto en ataque como en defensa. Sin embargo, las nuevas reglas, unidas a una genial actuación de Hernandez en el primer cuarto, hicieron que el partido se mantuviese bastante igualado.

 El jugador español estuvo a la altura de sus adversarios controlando el juego y moviendo a sus compañeros, que, por desgracia, no estaban a su mismo nivel y las diferencias se fueron reduciendo. Al final del primer cuarto la ventaja ya era sólo de cinco puntos (36-31) y, tras el empate a 41, los 'Nats' tomaron ventaja. Al descanso el marcador era 41-51, lo que quería decir que, a pesar de la impresión que tenía todo el mundo de que se estaba jugando un gran encuentro, la diferencia real al descanso era de 30 puntos.

 Al comenzar la segunda parte y tras sumar los pertinentes 20 puntos, ahora España ganaba 61-51, pero tras un gran comienzo que obligó incluso a pedir un tiempo muerto al entrenador visitante (algo casi impensable), el cansancio de Hernández comenzó a notarse y los Nationals se escaparon definitivamente hasta el 91-100 final, que correspondía a un 51-100 real.

 Al día siguiente, el diario 'ABC' titulaba: "Los jugadores del Syracuse ofrecieron anoche la más perfecta exhibición de baloncesto que en Madrid se ha presenciado".

 Aun quedaba un partido por disfrutar. De vuelta en Barcelona y de nuevo contra una selección catalana, pero esta vez con la nueva modificación de los 40 puntos de ventaja.

 De nuevo esto hizo que los Nationals se empleasen a fondo para regocijo de la grada y, a los 3 minutos del segundo cuarto, ya habían neutralizado la ventaja inicial de 20-0. Cuando la pistola (sí, la pistola) señaló el descanso, el marcador ya era de 48-61.

 En la reanudación se sumaron los 20 puntos a los locales, poniendo el 68-61, que sólo tardarían 6 minutos en neutralizar (74-75).
 En su último partido en España los Nationals estaban forzando su juego más que nunca ante una grada que se debatía entre la fascinación y la incredulidad.

 El encuentro se cerró con un 98-111 (que en realidad era un 58-111). Schayes acabó con 21 puntos y 14 rebotes como el jugador más destacado.

 La actuación de los americanos fue inolvidable, dando una lección de cómo jugar al baloncesto. Al terminar el encuentro, el Palacio de los Deportes les dedicó una atronadora y prolongada ovación con la que quisieron demostrar a estos fenomenales jugadores la simpatía y admiración que con sus inolvidables exhibiciones se habían granjeado.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

El día que LeBron asumió la responsabilidad

 Los primeros años de la década de 2000 fueron, posiblemente, los de peor recuerdo en la franquicia de los Cleveland Cavaliers desde su llegada a la NBA allá por 1970.

 Lejos quedaban ya los años de lucha contra los mismísimos Bulls de Michael Jordan de la mano de los Mark Price, Larry Nance, Craig Ehlo o Brad Daugherty, llegando a forzarles un séptimo partido en la final de conferencia de 1992. Incluso los últimos años de los 90 donde jugadores como Shawn Kemp, Ricky Davis o un joven Ilgauskas hacían disfrutar a la grada aunque sin grandes resultados.

 Pero, poco a poco, el equipo se fue haciendo habitual de los últimos puestos de la tabla. Esto les llevó también a estar, año a año, entre los primeros puestos en la lotería del Draft, pero elecciones poco acertadas como Dajuan Wagner (6), DeSagana Diop (8) o Chris Mihm (7) hundían aun más al equipo.

 La franquicia tocó fondo en la temporada 2002-03, acabando con 17 victorias como peor equipo de la liga (empatados con los Nuggets), lo que les daba la oportunidad de elegir con el nº1 del que, a posteriori, sería uno de los mejores drafts (si no el mejor) de la historia, y llevarse a un joven del cercano instituto St. Vincent - St. Mary llamado LeBron James.

 James estaba llamado, según todo el mundo, a marcar una época tanto del equipo de Ohio como de toda la liga. Y no tardó en empezar a demostrar su calidad.
 En su primera temporada, el equipo no consiguió clasificarse para los playoffs, pero lograba 18 victorias más que el año anterior y LeBron se hacía con el galardón de Rookie del año por delante de Carmelo Anthony.

 Los dos años siguiente prometían aun más y, pese a la marcha de Carlos Boozer, James, junto con Gooden e Ilgauskas, y las llegadas de los agentes libres Larry Hughes, Donyell Marshall y Damon Jones formaron un equipo esperanzador.

 El primero empezaron muy bien, pero un mal final de liga les dejó fuera de playoff empatados con New Jersey Nets en la octaba posición. El segundo se ascendió hasta las 50 victorias en temporada regular, clasificándose en cuarta posición para playoffs, donde se deshicieron de Washington en primera ronda y pusieron en grandes aprietos a Detroit Pistons, lideres de la temporada regular y finalistas de la NBA los últimos dos años, forzando el séptimo partido y llegando a ponerse 3-2 arriba.

 En la temporada 2006-07 ya no había excusas y el equipo, con LeBron James consolidado en la élite de la liga, tenía que dar un paso adelante y luchar definitivamente por el título. Y lo hizo.

 Ese año repitieron las 50 victorias en temporada regular, pero esta vez les valió para ser segundos de su conferencia solo por detrás de los Pistons.

 En los playoffs volvían a encontrarse en primera ronda con los Washington Wizards, pero estos, sin sus estrellas Arenas y Butler lesionadas, poca oposición pudieron hacer, llevándose los Cavaliers la serie por 4-0. En segunda ronda, ante los New Jersey Nets, con un Jason Kidd promediando un triple-doble en la serie (14'6 puntos, 10'9 rebotes y 10'9 asistencias), los Cleveland Cavaliers ganaban 4-2 y se clasificaban para una final de conferencia 15 años después.

 Allí les esperaban los Pistons, con el recuerdo aun reciente de la gran eliminatoria disputada por ambos un año antes. El equipo de Detroit aun contaba con el bloque que le llevó a ser finalista en 2004 y 2005, con el único cambio de Ben Wallace, sustituido por Chris Webber.

 A estas alturas nadie dudaba ya de la grandísima calidad que poseía LeBron James, pero aun levantaba duda en un aspecto: su problema para asumir la responsabilidad en los momentos importantes. La mayoría de los tiros sobre la bocina que había asumido en su carrera los había fallado, creando inevitables comparaciones con sus compañeros de generación, Carmelo Anthony y Dwyane Wade, maestros en estas lides.

 Y los dos primeros partidos de la serie no iban si no a incrementar estas dudas, ya que, en el último cuarto del primer partido, LeBron únicamente tiró tres veces a canasta, anotando sólo 2 puntos y cediendo el balón a Donyell Marshall en la última jugada para llevarse el partido, tras penetrar y tener un tiro claro. En el segundo partido, la historia fue similar, con un mal último cuarto con 2 de 7 en tiros, malas decisiones tomadas y un último tiro para llevarse el partido que esta vez si asumió pero que falló claramente.

 Los Pistons se ponían 2-0 con un resultado idéntico (79-76) en los dos primeros partidos jugados en Detroit, y las dudas asaltaban por completo la ciudad de Cleveland.


Las series viajaron hasta Cleveland y, sin la gran defensa como locales de los Pistons, los marcadores eran superiores y los Cavaliers se sentían más a gusto, consiguiendo empatar la serie 2-2 con LeBron anotando 32 y 25 puntos respectivamente y con la gran aparición de Gibson con 21 puntos, rookie casi inédito durante toda la temporada.

 Pero las series volvían al Auburn Hills y con ello las dudas. Si LeBron no daba un paso al frente y asumía su condición de superestrella, iba a ser difícil acabar con el veterano equipo de Detroit.

 Los primeros minutos del partido estuvieron muy empatados, con bastantes imprecisiones en ambos equipos. Tras poco más de 3 minutos, dos triples de Hughes parecía que daban algo de ventaja a los Cavs, pero Detroit, volcados en su juego interior durante todo el partido, con jugadores veteranos pero muy rocosos como Rasheed Wallace, Chris Webber o Antonio McDyess, cogía seis puntos de ventaja a falta de 4 minutos (21-15) que ya no cedería hasta el final del cuarto.

 Tras un amago de tangana por una fuerte falta sobre Varejao saldado con una técnica a LeBron James y dos técnicas y expulsión a McDyess (duro golpe para los Pistons) y un triple de James que no tocaba ni aro, se acababa el primer cuarto con un 29-23. Detroit dominaba la pintura y Wallace se iba con 8 puntos.

 En el segundo cuarto, todo continuó igual. Detroit basando todo su juego en la pintura, con Wallace y Webber anotando a placer, y Cleveland, intentando aguantar las diferencias a base más de garra que de otra cosa. A falta de algo menos de 7 minutos para el descanso, la diferencia se mantenía en seis puntos (39-33).

 Pero una gran racha del lituano Ilgauskas, con 7 puntos consecutivos, ponía a su equipo a solo dos puntos (42-40). Un 2+1 de LeBron y una gran asistencia del propio James a Varejao conseguía poner por delante a los Cavaliers.
 Tras un parcial de 0-7, Cleveland ganaba 46-49, pero dos últimas canastas de Billups, que asumió el control, evitaban que los Pistons se fuesen al descanso por debajo en el marcador (52-51).

 Al descanso, la igualdad en el marcador era clara, pero no así en las sensaciones. El juego interior de Detroit dominaba claramente y solo pequeños destellos de calidad individual permitían a Cleveland mantenerse en el partido.

 El tecer cuarto se convirtió en un reflejo de la primera parte.
 A una gran salida de los locales, con un parcial de 9-2 liderados por Prince (61-53 min.2:30) le siguieron unos buenos minutos de Ilgauskas que acercaron a Cleveland (65-61 min.7), una racha de más de 3 minutos sin anotar de Detroit en la que Cavaliers empata con una canasta de Varejao y con dos parciales consecutivos de 5-0 y 0-5 respectivamente se llegaba al final del tercer cuarto con el partido empatado (70-70). En definitiva, casi un calco de la primera mitad.

 El partido entraba en su fase definitiva pero esta vez Cleveland tomaba ventaja desde el principio. Un par de jugadas de Ilgauskas les daban tres puntos de ventaja que mantendrían hasta mediado el cuarto (78-81 min. 6:30). Sin embargo, un parcial de 10-0 liderado por Richard Hamilton sumado a la quinta falta de Ilgauskas, ponían el partido en clara ventaja para los Pistons (88-81 a 3:15 para el final).

 Entonces, las dudas y los rumores comenzaron y todas las miradas empezaron a volverse a LeBron James. El equipo llevaba 3 minutos sin anotar y, en la mayor parte de esas jugadas, sin llegar siquiera a tirar, y el propio LeBron, a pesar de llevar ya 21 puntos, tan solo había tirado una vez en todo el último cuarto para 2 puntos. Todo el mundo comenzaba a mencionar los dos primeros partidos de la serie.

 Sin embargo, James no estaba por la labor de repetir la historia. Se propuso asumir la responsabilidad, pidió el balón y comenzó su espectáculo particular.

 En las siguientes jugadas, una penetración con 2+1, un triple y un uno contra uno ante Maxiell culminado con un enorme mate, ponían a su equipo por delante 88-89 a falta de 30 segundos, a pesar de fallar tres tiros libres en ese periodo.

 Sin embargo Billups, dispuesto a amargar la fiesta a los Cavs, anotó un enorme triple delante de Gibson que ponía el 91-89. Pero a LeBron aun le quedaba una oportunidad.
 Los Cavs prepararon el aclarado y los Pistons decidieron defender 1 contra 1. Pero Prince no tuvo ninguna opción de parar a un James que empataba con un gran mate.
 Billups tuvo una última oportunidad para llevarse el partido, e incluso hizo volar a Eric Snow antes de lanzar un triple que rebotó en el aro y salió.

 El partido se iba a la prórroga con un LeBron James lanzado que había anotado 9 de los 10 últimos puntos de su equipo ( a escepción de un tiro libre de Gooden).

 La prórroga no pudo ser más igualada, con ambos equipos con sus tácticas muy claras.
 Detroit jugando balones interiores y buscando la superioridad de Wallace, anotando y sacando muchas faltas. Cleveland, olvidándose de tácticas y buscando aclarados aprovechando que su estrella estaba en modo imparable.

 La defensa individual de Prince sobre LeBron no estaba funcionando en absoluto y cada jugada era un aclarado que culminaba con un mate o una falta personal. Por suerte para los Pistons, en el otro aro Wallace no deja de sacar faltas y mantiene el partido empatado a base de tiros libres.

 Una buena defensa de los Cavs provoca un 'campo atras' y, en la siguiente jugada, James clava un tiro en suspensión con dos jugadores siguiendole que pone una ventaja de 4 puntos que, a falta de 30 segundos, y con un partido tan empatado, parece definitivo.
 La estrella de Cleveland lleva ya 39 puntos y 18 de los 19 últimos puntos de su equipo.

 Por desgracia, dos acciones desgraciadas del propio LeBron, con un tiro que se va sin tocar aro y una falta a Billups a 3 segundos del final, permitían a los Pistons igualar el partido con dos tiros libre que, por supuesto, no iba a desaprovechar el base de Detroit.
 Por lo tanto habría una segunda prórroga.

 El planteamiento de los Cavaliers no iba a variar en absoluto, valiéndose de una actuación por parte de LeBron James con tintes ya de épica. Sin embargo, tras una primera jugada del nuevo tiempo extra en la que LeBron, de nuevo, anota fácil frente a Prince, los Pistons deciden cambiar la defensa y hacer un 2 contra 1 constante y asfixiante sobre el número 23.

 Por primera vez en casi 10 minutos, los Cavs tienen que mover el balón. Los tres ataques siguientes acaban con tres fallos de Pavlovic. Detroit no desaprovecha esta situación y, con un 2+1 sobre Webber pone un 107-104 en el marcador a falta de 1:30.

 A pesar de la asfixiante defensa, LeBron tiene que anotar. En el siguiente ataque, consigue ganarles un metro a sus defensores para anotar un gran triple que empataba el partido 107-107.

 El partido está a punto de decidirse. Hamilton falla en el ataque de Detroit y, en la contra, James se la cede a Varejao, bien colocado, pero este recibe un tapón de Prince. Sin embargo el brasileño compensa rápidamente su error colocándole otro tapón a Wallace en la siguiente jugada.

 Solo quedan 10 segundos. LeBron James tendrá la oportunidad de ganar el partido. Sorprendentemente, Detroit decide, en la última jugada, volver a la defensa individual. Por supuesto 'King' James no tiene problemas en sobrepasar a su defensor y anotar una bandeja que le daba la definitiva ventaja de 107-109 a su equipo a falta de 3 segundos.

 Billups tendría una última oportunidad con un tiro en penetración que Varejao punteaba lo justo para evitar la canasta.

 LeBron James no solo había completado una actuación de ensueño, con 48 puntos, 9 rebotes y 7 asistencias, anotando nada menos que 27 de los 28 últimos puntos de su equipo, si no que había allanado el camino para que los Cavaliers disputasen la primera final de la NBA de su historia.

 Ya nadie podría decir que LeBron James no asume la responsabilidad.


lunes, 30 de julio de 2012

El día que Reed jugó lesionado

 Muchas han sido las actuaciones cargadas de épica en la NBA. El partido de la fiebre de Michael Jordan, el equivalente de Nowitzki en las finales de 2011, las manos vendadas de Chamberlain en 1972 o los 43 puntos de Isiah Thomas con el tobillo torcido en las Finales del 88. Pero una ha pasado a la historia por encima de todas las demás, la protagonizada por Willis Reed en las finales de 1970.

 Los New York Knicks son un equipo históricamente perdedor, pero esto no siempre fue así. Durante un corto periodo de tiempo a comienzos de los 70, el equipo neoyorkino dominó las pistas de la NBA.

 En la temporada 1969-70, la última con sólo dos divisiones, los Knicks contaban con un quinteto absolutamente genial con Walt Frazier, DeBusschere, Bradley, Barnette y la estrella del momento, el pivot Willis Reed, lo que les valió para dominar la temporada regular claramente con un récord de 60-22, incluidas 18 victorias consecutivas, además de llevarse el MVP de la Temporada Regular (Reed), el mejor manager (Holzman) y tener dos jugadores incluidos en el mejor quinteto de la temporada (Reed y Frazier) y tres en el defensivo (Reed, Frazier y DeBusschere).

 En los Playoffs se deshicieron con dificultades de los Baltimore Bullets en siete partidos en primera ronda y más fácilmente de los Bucks de los rookies Dandridge y Lew Alcindor (futuro Kareem Abdul-Jabbar) por 4-1 en las finales de conferencia.

 En la gran final les esperaban los Lakers, quienes, a pesar de haber perdido a Goodrich en el draft de expansión, habían montado también un equipo, al menos, a la altura del de los Knicks, con Jerry West, quien promediaba más de 31 puntos por partido, Wilt Chamberlain, que había regresado de una lesión que le había apartado toda la temporada a falta de tres partidos para el final de la liga regular, Elgin Baylor y el rookie Dick Garret.

 La serie se preveía empatada y no defraudó. En los dos primeros partidos en Nueva York las victorias se repartieron.
 Con la serie empatada, la acción se trasladó a Los Angeles, donde se vivió una de esas escenas que ya han pasado a la historia de la NBA, con una canasta de West desde más allá de medio campo sobre la bocina para empatar el partido. En la prórroga los Knicks se llevarían la victoria por 111-108 con 38 puntos de Reed.

 En el cuarto partido, los 37 puntos de West y los 30 de Baylor y la actuación inesperada de Tresvant fueron demasiado para los Knicks y los Lakers conseguían empatar la serie.

 El quinto partido, de nuevo en el Madison, también estuvo cargado de épica, cuando, con sólo ocho minutos jugados de partido y con los angelinos 10 puntos arriba (25-15), Willis Reed, tratando de superar a Chamberlain, caía lesionado. El pivot se retorcía en el suelo mientras el árbitro dejaba seguir el juego. Reed se quedaba fuera de lo que quedaban de finales.

 El mazazo para los Knicks era increíble, llegando al descanso 13 puntos abajo. Sin embargo, tras el descanso, el entrenador local sorprendió con una defensa zonal que alejó a Chamberlain del aro, dejándolo en sólo 4 puntos en la segunda parte y dejando a West sin anotar en este periodo, logrando finalmente la victoria por 107-100.
















 Los Knicks afrontaban el sexto partido, que podía darles el título, sin su mejor jugador y con la moral por los suelos a pesar de ir por delante en la serie por 3-2, lo que se reflejó en la cancha desde el primer momento.

 Chamberlain, sin oposición ante la baja de Reed, se hizo dueño de la zona y, con unos increíbles 45 puntos y 27 rebotes, llevó a los Lakers a una cómoda victoria por 135-113.

 Así, se llegaba al séptimo y definitivo partido con los Lakers como claros favoritos a pesar de jugarse en el Madison y de la duda de Jerry West para el último partido de la final, que arrastraba problemas en las manos durante gran parte de las finales.
 Pero, a pesar de los esfuerzos, no parecía probable que Willis Reed fuese a llegar a tiempo de jugar el séptimo partido con garantías.

 El día 8 de Mayo se celebró el definitivo partido de las finales de 1970. Ambos equipos salieron a la rueda de calentamiento anterior al partido, pero faltaba un jugador entre los locales. Reed no había conseguido recuperarse a tiempo para el partido y se había quedado en los vestuarios.
 La preocupación se palpaba en el equipo local y en los 19.500 espectadores que se habían dado cita en el Garden.

 Pero algo increíble ocurrió entonces. Del oscuro túnel de vestuarios emergió una figura. Era Willis Reed. En una demostración de coraje, iba a disputar el partido a pesar de la lesión y de su ostensible cojera.

 El publico enloqueció con la aparición de su ídolo. El speaker del estadio gritaba: "¡Aquí viene Willis!¡El público está eufórico! Willis pasa por delante de la mesa de anotadores, toma una pelota. Los Lakers han dejado de lanzar, ¡ahora están observando a Willis!"


 La simple aparición de Reed había dado un vuelco total a la situación. Sus compañeros y todo el público del Madison tenían una energía renovada.

 Pero las demostraciones de coraje no acabaron ahí. El partido comenzó y, tras un ataque fallido de los Lakers, Reed, cojeando y muy despacio, llegaba el último al ataque de su equipo, recibía, y anotaba en suspensión. El estadio se venía abajo.
 Su cojera era alarmante, pero en la siguiente jugada anotaba de nuevo desde el lateral.

 Reed no anotaría más en aquel partido, pero daba igual, ya había hecho lo más importante. Había contagiado a su equipo de una energía que iba a llevar en volandas a su equipo.

 Los Knicks comenzaron el partido con un parcial de 9-2, del que se pasó al 15-6 y al 30-17. Cuando Reed abandonó definitivamente el partido tras 27 minutos jugados, el marcador mostraba un 61-37. Además, la gran defensa del pivot sobre Chamberlain, a pesar de las dificultades, le dejó en un 2 de 9 en lanzamientos hasta ese momento.

 A partir de ese momento, el equipo de Nueva York supo administrar su ventaja hasta el 113-99 final.

 Los New York Knicks ganaban el primer campeonato de su historia, en una de las mejores finales que se han visto, gracias al gran partido de Frazier, con 36 puntos y 19 asistencias, la ayuda de los 21 puntos de Barnett y los 17 rebotes de DeBusschere, pero sobretodo gracias al espíritu y el coraje de Willis Reed.

 "Quise jugar", recordaba el jugador. "Eran las Finales, un momento único en tu vida. No quería tener que mirarme en el espejo 20 años más tarde y lamentarme por no haber tratado de jugar."
 Por su parte Walt Frazier decía: "Observé al equipo entero de los Lakers de pie alrededor mirando a este hombre. Cuando dejamos de calentar, algo me dijo que podíamos ganar el partido".

 Reed fue nombrado MVP, siendo el primer jugador que conseguía en un solo año los galardones de MVP de la Temporada Regular, del AllStar y de las Finales NBA.

 Dos años más tarde, los Knicks ganaban su segundo y último anillo también a los Lakers por 4-1. Willis Reed era nombrado MVP de las finales convirtiéndose en el primer jugador en lograr dos veces este galardón.

 Un año más tarde se retiraba debido a las lesiones, habiendo promediado en su carrera 18'7 puntos y 12'9 rebotes.

 Años más tarde los cinco números pertenecientes a aquel quinteto titular fueron retirados por los New York Knicks.

martes, 12 de junio de 2012

El día del milagro de Elliott

 Existe una larga lista de jugadores de esos que, si están en el equipo contrario les odias, pero que si están en el tuyo le idolatras. Normalmente son jugadores de club y, a menudo, especialistas defensivos. Uno de los nombres que mejor representa esta definición es el de Sean Elliott, jugador de los San Antonio Spurs en la década de los 90.

 Elliott fue seleccionado en el número 3 del Draft de 1989 por detrás de Pervis Ellison y Danny Ferry (y por delante de gente como Glen Rice -nº4-, Tim Hardaway -nº 14- o Shawn Kemp -nº 17-), desde la Universidad de Arizona.

 Durante sus primeros años en la Liga, fue mejorando progresivamente sus promedios hasta llegar a promediar 20 puntos por partido en la 1995-96. A partir de ese año, fue transformando su juego para ir convirtiéndose en un especialista defensivo, dejando la faceta ofensiva del equipo en manos casi exclusivas de el almirante, David Robinson.

 En 1998, Elliott, con 30 años, fue testigo del momento más importante en la historia del equipo tejano, la llegada de un jovencito llamado Tim Duncan, llamado a cambiar para siempre la historia de la franquicia. A partir de entonces, todo comenzó a cambiar en San Antonio.
 El equipo pasó de ganar únicamente 20 partidos, segundo peor equipo del Oeste, a 56 ese año, con Duncan nombrado rookie del año e incluido en el mejor quinteto de la liga.

 Al año siguiente, de la mano de sus 'torres gemelas', ya eran un equipo completamente ganador. En una temporada, la 1998-99, marcada por el 'lockout', la huelga sindical que redujo la temporada regular a únicamente 50 partidos. Una temporada regular con un nivel más bien bajo (primera temporada desde que se instauró el reloj de posesión en 1954 que ningún equipo promediaba 100 puntos por partido), en la que los Spurs, con 37 victorias (de 50), se alzaron con la primera posición en su Conferencia.

 En los play-offs se deshicieron de los Timberwolves de Kevin Garnett por 3-1 y barrieron a los Lakers de O'Neal y Kobe Bryant por 4-0.

 Pero la final de Conferencia no parecía que fuese a ser tan fácil, contra unos Portland Trail Blazers que habían montado un autentico equipazo con gente como Damon Stoudamire, Rasheed Wallace, Isiah Rider o Arvydas Sabonis entre otros, habiendo eliminado a los Phoenix Suns en primera ronda y a los Jazz de Stockton y Malone en semifinales de Conferencia.

 El primer partido de la final se jugó en el Alamodome de San Antonio, con un marcador muy apretado de principio a fin del partido, pero los 21 puntos, 13 rebotes y 5 tapones de Duncan sirvieron para que el equipo local se llevase el encuentro por un apretado 80-76, a pesar de los 28 puntos de Wallace.

 El 31 de Mayo se celebraba en Estados Unidos el 'Memorial Day' o Día de los Caidos, coincidiendo con el segundo partido de la serie, también en San Antonio.

 Todo hacía ver que sería también un partido muy igualado. Sin embargo, los Blazers tenían otra idea muy distinta.
 El equipo de Portland salió con una marcha más que los locales y, al finalizar el primer cuarto, el marcador señalaba un 20-31.

 El equipo de San Antonio no encontraba el camino en ataque, con una aportación escasa de todo el que no fuese del duo mágico Duncan-Robinson. En el segundo cuarto la ventaja visitante aumento aun más hasta el 34-48 del descanso.

 El partido no tenía buena pinta. La serie se trasladaba al Rose Garden de Portland y un 1-1 podía ser muy perjudicial. Pero la segunda parte no empezó mejor que la primera, llegando la ventaja de los Blazers a su punto más alto comenzando el tercer cuarto con el 34-52 (18 puntos abajo).

 Fue entonces cuando, al fin, entraron en juego los aleros de los Spurs, Sean Elliott y Mario Elie, para ayudar a cambiar la historia del partido.
 Los San Antonio Spurs endosaron entonces un parcial de 8-2 que obligó al entrenador de los Blazers, Mike Dunlevy, a pedir tiempo muerto. Pero de poco sirvió, ya que, tras el parón, un nuevo parcial de 9-0 recortaba la distancia a 3 puntos.

 Los Spurs, a base de triples, la mayoría de Elliot, con la muñeca caliente, habían conseguido entrar en partido.



 El partido se mantuvo más empatado desde entonces aunque los Blazers seguían manteniendo la ventaja en todo momento.

 El partido se iba acabando. Elliott anotaba otro triple y un robo de Robinson  a Wallace permitía a Mario Elie anotar dos tiros libres que ponían el 83-84.

 Quedan pocos segundos. Portland gana de uno y ataca. Damon Stoudamire recibe falta. Tiros libres. 12 segundos para el final. Anota el primero... y falla el segundo. El pequeño base había fallado y dejaba una pequeña oportunidad al equipo tejano.

 Mario Elie saca de banda desde el medio campo, ya que Popovich había pedido tiempo muerto. El pase es para Sean Elliott, quien esa noche tiene la muñeca caliente. Stacey Augmon se lanza hacia el balón e incluso llega a rozarlo, pero el balón le llega a Elliott que, haciendo equilibrios para no pisar la linea de banda, consigue girarse y lanzar apoyado sólo sobre las puntas de los pies para no pisar la linea y, con Rasheed Wallace punteando el tiro, consigue anotar el triple que pone a San Antonio por delante por primera vez en todo el partido a falta de unos pocos segundos.

 Los Blazers tendrían un último ataque q no conseguirían materializar.
 Sean Elliot acababa el partido con 22 puntos y un increíble 6 de 7 en triples.
 Los San Antonio Spurs se ponía 2-0 en la eliminatoria y, con ese triple, asestaban un mazazo moral del que Portland ya no se repondría, perdiendo de 18 y 14 puntos respectivamente el tercer y cuarto partido en casa, para caer barridos en la eliminatoria por 4-0.

 Desde entonces se conoce ese partido como el 'Elliott's Memorial Day Miracle' (el día del milagro de Elliott, en referencia al día de los caídos celebrado el mismo día).

 San Antonio vencería también a los New York Knicks en la gran Final de la NBA por 4-1, haciéndose con el primer título de campeón de su historia, siendo además el único equipo procedente de la ABA que consigue un título y habiendo sufrido únicamente dos derrotas en todo el play-off.

 Pero, un año después, aquel partido ya mítico, cobraba mucha más importancia al conocerse la noticia de que Sean Elliott hacía tiempo que no debía estar jugando por problemas en el riñón y que necesitaba un trasplante.

 El 16 de agosto de ese mismo año, Elliott fue operado, recibiendo un riñón de su hermano Noel.

 El 13 de Marzo del 2000, en un partido entre Atlanta Hawks y San Antonio Spurs, Sean Elliott, con 12 minutos en pista, se convertía en el primer jugador profesional que volvía a jugar tras un trasplante de riñón.

 "Estoy convencido de que con mi acción voy a ayudar a muchas personas que han pasado por el mismo proceso y que han tenido miedo de reanudar una vida normal como la que ahora llevo yo", declaró Elliott. "Me siento mucho más seguro que antes".
 "Lo único que puedo decir es que cuando le vi jugando de nuevo", dijo su entrenador, Gregg Popovich, "me parecía estar viviendo una experiencia surrealista, sencillamente mágica".


 En 2001, Sean Elliott se retiró definitivamente de las canchas. El 6 de Marzo de 2005, los San Antonio Spurs retiraron el número 32 en su honor.



sábado, 14 de enero de 2012

Miller vs. Knicks (y IV): Los demás enfrentamientos

 En las últimas entradas hemos estado repasando los enfrentamientos entre Reggie Miller y los New York Knicks, a raiz del reportaje 'Winning Time' emitido en España por Canal +. Pero hoy, para terminal con el serial, queremos recordar esos otros enfrentamientos, que el documental no recoge, pero que también plasman la gran rivalidad que existió.

 Tras los tres años seguidos de duelos, la liga nos dio un descanso durante dos años en los que, las eliminaciones ante Orlando y Chicago respectivamente, y la no clasificación de Indiana para Play-offs respectivamente, nos privaron del duelo.

 Pero en 1998 el duelo se retomó. Aunque esta vez, quizá, llegaba más desigual que nunca. Indiana llegaba a las eliminatorias desde la tercera posición y eliminando sin problemas a Cleveland en primera ronda.
 Los Knicks, sin embargo, apenas pudieron contar en toda la temporada con su estrella Pat Ewing lesionada. A duras penas consiguieron clasificarse para Play-off como septimos clasificados y sorprendieron a todo el mundo consiguiendo eliminar a Miami en primera ronda.
 Los grandes rivales volvían a encontrarse.
 Indiana se llevó los dos primeros partidos en su casa. En el tercero, los Knicks consiguieron vencer con una gran actuación de un Ewing que había reaparecido en el segundo partido de la serie.
 Y llegó el cuarto partido, donde ambos equipos se olvidaron del planteamiento defensivo de los tres primeros, y se lanzaron al ataque.

 Nueva York estaba a punto de llevarse el partido e igualar la serie, ganando 102-99 a falta de 5 segundos, pero entonces volvió a aparecer Reggie Miller, anotando un gran triple que mandaba el partido a la prórroga, donde Indiana venció claramente por un 107-118. Miller se fue hasta los 38 puntos.

 Los Pacers ganarían también el quinto partido con 24 puntos de Miller, clasificándose para las finales de conferencia, donde nos brindarían una serie inolvidable contra los Bulls de Michael Jordan.


 En 1999, la temporada del 'lockout' con 50 partidos en temporada regular, Ewing seguía con serios problemas de lesiones, por lo que los Knicks prefirieron rejuvenecer la plantilla, cambiando a Starks y Oakley por Sprewell y Camby. A pesar de esto, solo les dio para entrar como últimos clasificados del Este en los Play-offs.
 Una vez allí, la primera ronda les volvía a enfrentar con Miami, al igual que el año anterior, pero una gran canasta de Allan Houston en los últimos segundos del quinto partido les convertía en el segundo equipo de la historia en eliminar al primer clasificado desde la octava posición.
 En segunda ronda no tuvieron problemas para barrer a Atlanta por 4-0 y llegar a las finales de conferencia, donde se jugarían el pase a las grandes finales contra los grandes enemigos de la década, los Indiana Pacers.

 Los Pacers partían la temporada, para muchos, como los grandes favoritos del Este para llegar a la final de la NBA. Y cubrieron de sobra las expectativas alcanzando la segunda posición de la conferencia, empatados a victorias con los Miami Heat.
 En Play-off, no perdieron ni un solo partido antes de llegar a la eliminatoria ante los Knicks, eliminando a Milwaukee y Philadelphia.

 En el primer partido de la serie, Nueva York dio la sorpresa al imponerse a domicilio por 90-93.
 El segundo, no fue el día de Reggie Miller. Con una lamentable serie en el tiro, con un único tiro anotado en los tres últimos cuartos para un 3 de 11 final. Pero, aun así, cuando llegó la hora de la verdad, como siempre, no le tembló el pulso.

 A falta de 2'2 segundos para el final del partido, Reggie recibió una falta de Chris Childs, anotando los dos lanzamientos y dando la victoria a su equipo por 88-86. Miller acabó el partido con 16 puntos y 9 de 12 en tiros libres. Pat Ewing tendría un último lanzamiento para empatar que fallaría. Sería su último lanzamiento de la temporada, ya que una lesión en el tendón de Aquiles le dejaba fuera de lo que quedaba de Play-offs.

 El tercer partido será recordado por todos por una jugada final, con el marcador 3 arriba para Indiana en el Garden, y un increíble triple de Larry Johnson, recibiendo ademas una controvertida falta de Antonio Davis y anotando el tiro libre adicional, consiguiendo una jugada de 4 puntos que daba el partido a Nueva York.

 Los New York Knicks acabarían llevándose la serie por 4-2, con sexto partido en el que Reggie Miller haría un 3 de 18 y 1 de 8 en triples. Un de las peores actuaciones de la carrera de Miller en Play-offs.

 Los Knicks se convertían en el primer equipo de la historia (y único hasta el momento), en jugar las finales de la NBA partiendo desde la octava posición. Allí los Spurs de Duncan y Robinson les vencerían por un claro 4-1.


 La temporada 2000, la temporada siguió una pautas casi idénticas a la anterior.
 Los Indiana Pacers lograron hacerse al fin con la primera posición del Este, al lograr 56 victorias. En primera ronda de los Play-off, volvieron a enfrentarse a los Milwaukee Bucks de Ray Allen. Esta vez no encontraron las facilidades del año anterior, llegando al quinto y definitivo encuentro, donde Reggie Miller demostró que este año si que iba en serio a por el título, consiguiendo su record personal en Play-offs (41 puntos), para ganar la serie.
 En segunda ronda, también repitieron rival, los Philadelphia 76ers, venciendo por 4-2 en la serie y clasificándose una vez más para la final de conferencia, y una vez más contra sus grandes rivales, los New York Knicks.

 El equipo de la gran manzana, este año había conseguido este año acabar entre los primeros en la liga regular (terceros del Este) y evitar a los grandes equipos en primera ronda, tocándoles jugar contra unos Toronto Raptor que jugaban por primera vez postemporada.
 Tras barrer cómodamente al equipo de Toronto, el sorteo les depararía por tercer año consecutivo a los Miami Heat, y, por tercera vez, conseguirían eliminarlos en una disputada serie a 7 partidos.

 Y ahí estaban de nuevo. Una vez más, Indiana Pacers y New York Knicks, se disputarían el pase a la gran final de la NBA.

 Los Pacers, que por primera temporada jugaban en el Conseco Fieldhouse, harían valer el factor cancha venciendo en los 2 primeros choques de la serie. Pero lo Knicks harían lo propio, empatando la serie a 2 tras los partidos en el Garden.
 Los Pacers ganaron el quinto partido jugado en Indianapolis y la serie se trasladó a Nueva York. Pero Reggie Miller no estaba dispuesto a repetir los errores de años anteriores y se preparó para un gran partido de baloncesto.

 Tras haber promediado 19'4 puntos en los cinco primeros partidos, esa noche Reggie se fue hasta los 34 puntos, con 5 de 7 desde la línea de tres puntos, anotando 17 de los 34 puntos, y 3 de 3 en triples, en el último cuarto.
 Los Indiana Pacers ganaron aquel encuentro por 80-93, y, finalmente, se clasificaron por primera vez (y hasta la fecha, única), para las finales de la NBA.
 Aquella noche fue la última de las nueve ocasiones en las que Reggie Miller anotó 30 o más puntos ante los New York Knicks en Play-off.

 Los Pacers perderían aquellas finales por 4-2 ante los Lakers de Shaq y Kobe.

 No volveríamos a ver ningún enfrentamiento más de Miller contra los Knicks en Play-offs, pero, durante ocho años, esa rivalidad nos dejó unos maravillosos momentos, que ya han pasado a la historia.

 En el último partido de Miller en el Madison Square Garden, jugado unos años más tarde en temporada regular, Reggie se fundiría en un emotivo abrazo con Spike Lee, el genial seguidor de los Knicks.


martes, 10 de enero de 2012

Miller vs. Knicks (III): El día que Reggie metió 8 puntos en 10 segundos

 La temporada 94-95 de la NBA estuvo marcada por dos palabras: "he vuelto". Con ellas, Michael Jordan anunció su retorno a las canchas.
 También por la irrupción de un joven Grant Hill. Primer rookie de la historia del deporte profesional en América en liderar la votación de los aficionados para el All-Star game.

 Pero hubo dos ciudades en las que estos hechos fueron irrelevantes, ya que, desde el comienzo de la temporada, la fecha más importante ya estaba marcada en sus calendarios: el enfrentamiento en Play-offs entre los Knicks y los Pacers.

 El equipo de Nueva York venía de jugar las Finales y perderlas ante los Rockets. Mantenían el bloque y el nivel de juego del año anterior. Su estrella, Pat Ewing, se había colado entre los diez mejores de la liga regular en puntos, rebotes y tapones. John Starks promediaba más de 15 puntos, y Anthony Mason recibía el premio al mejor sexto hombre tras promediar más de 9 puntos y 8 rebotes.
 Y el equipo demostró continuar en buena forma acabando la temporada regular con 55 victorias, solo por detrás de las 57 de O'Neal y Hardaway.

 Los Pacers por su parte, estaban concienciados para dar el salto de calidad que les faltaba para poder superar a los New York Knicks en los Play-offs. Y vaya si lo hicieron.
 Reggie Miller continuó liderando al equipo con 19.6 puntos por encuentro y grandes porcentajes desde la linea de tres. Además, consiguió salir como titular en el All-Star game celebrado en Phoenix y fue incluido en el tercer mejor equipo de la liga. El holandes Rik Smits disfruto de su mejor temporada en la NBA, promediando 17.9 puntos y 7.7 rebotes. Y Derrick McKey mejoró hasta convertirse en uno de los mejores defensores de la liga.

 Pero la gran diferencia la marcó un recién llegado, Mark Jackson, y no por sus estadísticas.
 Jackson había logrado el premio al rookie del año jugando con los Knicks. Más tarde había salido hacia los Clippers y estaba resentido con el equipo de Nueva York. Era perfecto para los Pacers. Se encargó de motivar a Reggie y que estuviese a punto en los enfrentamientos claves contra los grandes rivales.

 Todo esto sirvió al equipo de Indianapolis para conseguir 52 victorias, primera vez que llegaban a las 50 desde su primer año en la NBA procedentes de la ABA. Acabaron líderes de su división, lo que les valió la segunda plaza en los Play-offs a pesar de haber cosechado 3 victorias menos que los Knicks.

 Y ésta llegó, pues ni Cleveland ni Atlanta supusieron grandes problemas para Knicks y Pacers respectivamente.
 Se repetía el enfrentamiento esperado por tercer año consecutivo, y, esta vez, más igualado que nunca.
 Y la serie iba a comenzar con un partido que pasaría a la historia.

 La tensión se palpaba en el ambiente y esto se traducía en un partido muy bronco. Varias tanganas daban como resultado las expulsiones de Antonio Davis y Derek Harper.
 Los Knicks aprovechaban para distanciarse en el marcador. Los Pacers no acababan de sentirse cómodos.

 La ventaja se mantuvo durante todo el partido y los Knicks lo tenían todo para comenzar la serie con una victoria y romper el factor cancha de los Pacers. A falta de 18'7 segundos, Nueva York dominaba el marcador con un claro 99-105. Pero aun quedaban muchas cosas por pasar.

 Todo el mundo daba el partido por acabado, tanto los jugadores de los Knicks como los de los Pacers. Incluso el entonces gerente y presidente de los Indiana Pacers, Donnie Walsh, abandonó el palco dando el partido por perdido. Pero aun quedaba alguien convencido de la remontada: Reggie Miller.

 Durante el tiempo muerto, mientras los jugadores de los Knicks celebraban el triunfo, Miller hablaba con Mark Jackson. Necesitaban un triple rápido. Y así lo hicieron. Jackson sacó de banda y, con john Starks encima, Reggie Miller anotaba un triple con solo 2 segundos gastados, que ponía a su equipo a 3.

 Los Knicks aun tenían todo a su favor con 16 segundos por jugarse, ganando de 3 y sacando de fondo. Sin embargo Harper, el encargado de sacar, estaba expulsado, y le tocaba al peor sacador del equipo, Anthony Mason.
 Greg Anthony estaba solo, pero Mason no se la pasó al momento. Todo el equipo de Indiana subió a presionar, y Mark Jackson llegó a presionar a Anthony, quien, ante la presión, tropieza y, ayudado por un pequeño empujón de Reggie Miller, cae al suelo... justo cuando Mason le pasa el balón.
 El balón llegó directamente a las manos de Miller, situado a 4 metros del aro. Cualquier jugador, viéndose solo, hubiese anotado una canasta facil y vuelto a presionar. Pero Reggie Miller no era cualquier jugador.


  Miller recibió el balón y tuvo el aplomo de no tirar de 2. En vez de eso, se dio la vuelta, dio dos pasos hasta salir a la zona de triple, se elevó y anotó la canasta.
 Reggie había empatado el encuentro en tan solo 5 segundos. Nadie podía creérselo.

 Al sacar nuevamente el balón, el jugador de Indiana, Sam Mitchell, cometió una innecesaria falta sobre John Starks a falta de 13 segundos. Pero los jugadores de los Knicks se habían quedado en shock tras lo sucedido.
 Starks se dirigió a la linea de tiros libres. En el pabellón se hizo un silencio sepulcral. Greg Anthony dijo tiempo después que habían estado entrenando en ese pabellón cuando solo estaban los conserjes, y no había tanto silencio como en aquel momento.
 Starks no estaba centrado. Aun estaba pensando en la increíble jugada de Miller. Tiro el primero, y lo falló. Tiró el segundo, y también lo falló. Patrick Ewing consiguió coger el rebote, pero su tiro tampoco entró. Y el rebote lo cogió Reggie Miller.

 Inexplicablemente, con 7'5 segundos para el final y el partido empatado, Mason comete una innecesaria falta para desesperación de Riley y de toda la afición neoyorkina.
 Rápidamente, Mark Jackson fue junto a Miller. "Eres el campeón Reggie. Demuestralo. Estas en el Garden".
 Y Reggie no falló. Anotó los dos tiros libres. En solo 10 segundos, había dado la vuelta a un partido perdido.

 Los jugadores visitantes aun no entendían lo que había pasado. En el último ataque, Anthony tropieza, cae y ni tan siquiera pueden lanzar un último tiro. Reggie Miller, con 31 puntos y un final increíble, había asaltado el Madison una vez más.


 La serie continuó. Y la tensión. Reggie llamaba a los Knicks 'perdedores con clase', y desde Nueva York recordaban a Miller sus lágrimas tras el séptimo partido del año anterior.
 En el segundo partido en el Garden, los Knicks vencieron cómodamente por 96-77.
 La serie se trasladó a Indiana y siguió muy empatada, con una victoria local en la prorroga por 97-95.
 Más cómodo lo tuvo en el cuarto, donde se llevaron la victoria por 98-84. La serie se ponía 3-1 y con todo a favor para los Pacers. Parecía que por fin iban a conseguir la tan ansiada eliminación de sus mayores rivales, los New York Knicks.

 Pero la serie volvía a Nueva York, y los Knicks no lo iban a poner tan fácil. En un partido muy empatado, lograrían vencer por un ajustado 96-95, con una gran canasta de Ewing con posibles pasos, a falta de 1'8 segundos, repitiendo de nuevo en Indianapolis por 82-92.

 Se llegaba de nuevo al séptimo partido. No se podía pedir más emoción.
 Ya en la cancha, las respectivas estrellas tomaron la responsabilidad. Miller y Ewing lideraron a sus respectivos equipos en un partido muy igualado.
 Tras un par de triples de Miller, los Pacers consiguieron tomar una considerable ventaja (59-74). Pero era un séptimo partido en el Garden. No podía ser tan facil.
 Los Knicks, de la mano de Starks y los triples de Harper, consiguieron anular la ventaja. Se entró en los últimos 3 minutos con los Pacers 5 arriba (89-94).

 Los jugadores y seguidores de Indiana comenzaban a ver fantasmas. Los recuerdos de la eliminatoria similar y la derrota del año anterior se venían a la mente.
 A falta de 32 segundos, John Starks anotaba un triple que ponía a su equipo a 2 puntos.
 Mark Jackson fallaba un tiro para Indiana y los Knicks pedían tiempo muerto a falta de 5'3 segundos.


 La eliminatoria estaba a punto de decidirse. Todos sabían que el balón iría a Ewing. Y así fue.
 Ewing recibió en la bombilla, se revolvió y penetró a canasta. La defensa se abrió. La acción era más fácil de lo esperado para el pivot. Solo tenía que estirar el brazo y depositarla suavemente a escasos centímetros.
 Pero el balón botó en el aro... y se salió.

 Indiana Pacers lo había conseguido. Reggie Miller lo había conseguido. Al fin, en una de las eliminatorias más espectaculares e igualadas que se recuerdan, habían conseguido eliminar a los New York Knicks.

 Desgraciadamente, en las finales de conferencia, cayeron ante los Orlando Magic en el séptimo partido.